No se trata solo de sumar kilómetros. Para correr bien, también hay que comer bien. Tu cuerpo necesita combustible antes, durante y después de correr. Y no, no hablamos de dietas estrictas ni suplementos mágicos. Hablamos de hábitos simples que mejoran tu rendimiento y tu recuperación.
1. Comé algo antes de correr (pero no cualquier cosa)
Salir a correr en ayunas puede funcionar para tiradas cortas, pero si vas a hacer más de 30 minutos, tu cuerpo necesita energía. Lo ideal: una comida liviana, fácil de digerir y con carbohidratos simples.
Ejemplos: una banana, una tostada con mermelada, un puñado de frutas secas.
Evitá grasas, fibras o proteínas pesadas justo antes de correr. Pueden caer mal y quitarte energía.
2. Hidratate todo el día, no solo cuando salís a correr
Esperar a tener sed es esperar demasiado. La deshidratación baja el rendimiento incluso antes de que la sientas. El truco: tomar agua a lo largo del día, no solo antes o después de correr.
Tip útil: si tu orina es clara, vas bien. Si es oscura, estás deshidratado.
3. No subestimes la comida post-entreno
Después de correr, tu cuerpo está listo para absorber nutrientes. Este es el mejor momento para ayudar a tus músculos a recuperarse. Comé algo dentro de los 30 a 60 minutos post-carrera.
Lo ideal: una combinación de carbohidratos (para reponer energía) y proteínas (para reparar tejidos). Un sándwich, yogur con granola o un batido casero son buenas opciones.
4. Evitá correr con el estómago lleno
Comer demasiado antes de correr puede generar molestias estomacales, pesadez y bajo rendimiento. Esperá entre 1 a 2 horas después de una comida grande antes de salir a entrenar.
5. No te obsesiones con la comida “saludable”, pensá en lo funcional
Comer saludable es importante, pero no todo lo “fit” funciona para correr. Por ejemplo, una ensalada puede ser excelente a nivel nutricional, pero no siempre es buena idea antes de una carrera. Pensá en tu comida como energía. ¿Te va a dar combustible o te va a frenar?
Conclusión
Los corredores no solo entrenan con las piernas. También lo hacen con el plato. Adoptar buenos hábitos de nutrición no significa comer perfecto, sino comer con intención. Escuchá a tu cuerpo, probá qué te funciona y recordá: el mejor plan es el que podés sostener.


